Las autoridades, que este lunes comenzaron a repartir víveres, agua y hielo entre los 60.000 residentes que decidieron quedarse en Galveston, temen que se produzca una crisis sanitaria en la ciudad.
Los residentes describen la isla, que ha quedado bajo una capa de lodo y aguas residuales, como una zona de guerra.
Brian Smith, un residente cuya vivienda no sucumbió al huracán se considera afortunado. “Mi casa sigue en pie, la parte de abajo esta destruida pero el interior está bien, la podremos reconstruir”, dijo a la cadena ABC. “Hemos tenido suerte”, concluyó.
La comida y el agua comenzaron también a llegar el lunes a Houston, la cuarta ciudad mas poblada del país.
Allí se produjeron tensiones entre la Agencia Federal de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) y funcionarios locales, que se echan mutuamente la culpa por la lentitud en la llegada de las ayudas. El alcalde de Houston, Bill White, prometió obligar a FEMA a cumplir con sus obligaciones.
Al igual que varios cientos de miles de residentes, las refinerías de petróleo siguen sin electricidad, elemento vital para procesar alrededor de la cuarta parte del combustible del país.
El presidente de Estados Unidos, George Bush, que declaró Texas como zona de desastre federal el pasado domingo el domingo, recorrerá hoy varias de las zonas más afectadas por el huracán.
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