MADRID. España.- Gripe aviar en 2005;
Gripe porcina o A en 2009-2010; Ébola en 2014; Zika en 2015 y hasta hoy, tienen
en común a la Organización Mundial de
la Salud (OMS) cuyo papel ha sido crucial en las últimas
alarmas globales por temas de salud
pública. ¿Qué papel juega la OMS y qué aspectos comunes se
observan en todas esas epidemias?
El
virus del zika se ha
popularizado porque el mosquito que la transporta, Aedes aegypti, avanza de sur a norte en
el planeta espoleado por el calentamiento global.
A más calor mayor expansión de los mosquitos y por tanto del virus con el que
viajan.
La
preocupación ahora es la epidemia que se vive no ya en África, donde se originó hace más
de 50 años y Asia por
donde se expandió, sino en América
Latina, donde se extiende. Y en Estados Unidos donde ya llega. Incluso va barajándose la posibilidad de que colonice
España, quizá sobre todo por su importancia por personas
que hayan viajado a países donde está presente.
Como
se sabe, la Organización Mundial de
la Salud (OMS) declaró este mes de febrero el virus zika como una emergencia sanitaria global,
debido a que la infección transmitida por mosquitos se ha relacionado con enfermedades neurológicas en niños
recién nacidos aunque eso todavía no está demostrado científicamente.
De
este modo, el papel en la OMS comienza a parecerse al desarrollado en otros
“estados de alarma”, como en 2005 sucedió con la gripe aviar; en 2009 con la gripe A; y en 2014 con el ébola.
No
quiero negar la importancia de la actual crisis sanitaria ni de ninguna de las
anteriores pero sí me pregunto: ¿Cuáles son los puntos en común o a destacar en
esas actuaciones? Estos:
-El
desconocimiento científico de la situación. Se produjo con la aviar, la A y
ahora con el zika. Se emite la alerta por la expansión del virus no porque se
conozca con seguridad y profundidad el daño
que puede provocar; su impacto real en la salud pública
mundial, sino por prevención (una manera de prevenir que puede estar mal entendida).
-Se
desconoce, por no escribir que NO
existe, tratamiento alguno para el zika. No hay vacunas ni
medicamentos y desconocemos si hay algún otro tipo de remedios que funcionen.
Tampoco había vacunas contra el ébola ni contra la gripe A, se intentaron
desarrollar o desarrollaron más tarde.
-La
declaración de la emergencia implica que se invertirá en investigación y en
esfuerzos para controlar el brote con
rapidez. Se entiende que hasta ahora no se ha hecho. Esto
recuerda las prisas cuando el ébola, conocido desde la década de los años 70
del siglo pasado, sólo interesó cuando pasó del llamado Tercer Mundo al primero
y en concreto a Estados Unidos y Europa a través del primer caso en España.
Y
también recuerda a las prisas con las que hubo de actuarse para buscar una vacuna contra la gripe A cuando ya
se había anunciado la “pandemia” que, por suerte, no llegó.
-La
espera, por fortuna sin llegada, insisto, también se produjo con la aviar y con
el ébola. Menos mal que la OMS falla más que una escopeta de feria porque una
persona nacida antes de la “epidemia” de gripe aviar de 2005 podría haber muerto ya tres veces
sin haber cumplido los once años y aún sufrir la incertidumbre por el virus
zika.
-La
OMS ofreció muchas facilidades a
laboratorios privados, multinacionales farmacéuticas habituales
fabricantes de vacunas, para que buscaran una inmunización efectiva. Con la
gripe A ofrecieron vacunas de baja eficacia y que provocaron nuevas y graves reacciones adversas
en personas que en su mayoría no necesitaban la vacuna (se vacunaron por miedo
para afrontar una “pandemia” que nunca existió).
Durante la epidemia de ébola se ofrecieron las
mismas facilidades pero antes desapareció el ébola que
llegaron las inmunizaciones o
tratamientos necesarios, efectivos y seguros.
-El
pelotazo económico fue seguro a cuenta de la gripe
aviar. Nunca hasta entonces se había vendido tanto un
antiviral conocido como Tamiflu
(luego muy cuestionado por su baja eficacia y efectos
secundarios). Con la gripe A el Tamiflu y también el Relenza se vendió aún más y el
pelotazo se incrementó con la compra por parte de casi todos los países de
millones de dosis de vacunas que hubo que tirar a la basura
en su mayor parte.
En
el caso del ébola la aparición de tratamientos que parecían efectivos como el ZMapp
y del comienzo de la investigación en vacunas
disparó la “ilusión” (léase mejor codicia) en los mercados. Poco más se supo de los
avances en dichos tratamientos.
-Todo
esto es como para poner en duda el papel
de la OMS como líder mundial en salud pública. La ciudadanía
tiene que conocer que la OMS empezó hace tiempo su proceso de destrucción por “privatización”.
Hoy casi todos sus ingresos y financiación le llegan de manos privadas, “filántropos” y
compañías farmacéuticas. Quizá por ello su estrategia
preferida sea el marketing del miedo.
Hace
falta como mínimo una profunda renovación de este órgano de control mundial que
invierta en verdadera prevención. Que se anticipe a posibles problemas y que
con tiempo busque soluciones y remedios con independiencia de financiadores,
empresas e intereses gubernamentales. Que se base para ello en organismos públicos cuyo fin no sea
el lucro económico sino el interés por la salud pública mundial.

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